miércoles, 26 de abril de 2017

MI ANDAR DESOLADO

Corrían los minutos por esas calles, que inyectaban tumultos de pasos ansiosos por coincidir con ella; y de dolorosos e inseguros pasos, que no querían llegar a casa sin esa mirada, que se repetía en cada mañana y por esta senda, que es mi andar desolado.

La brisa chocaba con mi vista, que parecía hacerla visto en hojas que caían a mis alrededores; faltos de compañía y de cantos armoniosos, y me convencía de que al final la vería.

Sombras de árboles se distinguen a lo lejos, como siluetas alegres; así como es ella, en mi búsqueda por encontrarse con ese mirada. Y al andar más, puedo apreciar su mano rugir con un saludo distante, al sometimiento de mis pensamientos que no dejan de acribillar mi cabeza con recuerdos.


Al final... Llego a casa, sin esa mirada que pretendía robarla para mí colección de momentos, para el entretenimiento de mis ojos que la buscaban en aquellas sendas—para las soledades de los días que pasan, mirándola ahí a mi lado cuando comparto horas con el silencio piadoso que me da el recuerdo; y me retiro al consuelo de una chispa de un sonido que se instala en mi oído, sin el encuentro precipitado por mi andar desolado.


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